La envidia, del sentimiento a la hipocondría

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Cuando los éxitos ajenos no dejan que nos centremos en alcanzar los nuestros, la angustia coloniza nuestra existencia. Aprende cómo controlarlo

Tus días transcurren tediosos y tus ojos se mantienen pegados y asisten expectantes a los éxitos de tus amigos, familiares y hasta simples conocidos. Has descuidado tu propia vida por analizar la felicidad ajena y la angustia que te provoca no te permite avanzar. Esta sensación comienza a ser problemática cuando la obsesión irracional perjudica directamente a tu estabilidad emocional. Sin embargo, basta con tener el deseo de videos de lesbianas cambiar para que se disipen los miedos y mejore tu vida. Si no crees que sea sencillo, prueba a poner en práctica nuestros consejos, para envidiosos y envidiosas.

¿Tengo un problema?

Experimentar alguna vez el sentimiento de la envidia es, no sólo normal, sino también más frecuente de lo que pensamos. Pero existen ciertos comportamientos que nos alertan de que esa sensación deja de ser sana e inocente y se convierte en enfermiza. Al igual que ocurre con los celos , una actitud corriente pasa a ser un trastorno cuando traspasa, sin apenas percibirlo, una fina línea que actúa de frontera entre la normalidad y la enfermedad. Descubre si has cruzado el límite.

-De forma habitual te sientes inferior a todas las personas que forman parte de tu entorno. Piensas que tienen videos xxx capacidades y virtudes que tú deberías tener y te ocasiona un gran malestar asistir como espectador a los triunfos ajenos.

-Deseas todo aquello que posee el otro. Puede que no lo hubieras querido antes, pero verlo dentro de su vida te provoca una gran ansiedad que hace que necesites tenerlo. En otras ocasiones, ni siquiera ansías lo que tiene el prójimo, simplemente le odias por haberlo conseguido.

-La angustia crece en tu interior cuando tus amigos o tu familia son felices. Y esa felicidad no deja que tú disfrutes de lo que tienes, ya sea mucho o poco. Todo se nubla si el otro tiene una vida plena.

-En ocasiones experimentas sentimientos negativos y deseas que a tu entorno le vaya mal. Si eso sucede, vives momentos de tranquilidad y paz interior.

-La mayoría de las veces, estas situaciones están provocadas por una gran insatisfacción personal, vacío existencia y frustración por no haber podido alcanzar los objetivos (en cualquier ámbito de la vida) que nos habíamos propuesto.

Quiero solucionarlo

Esta patología no deja que seamos felices e interfiere en nuestra estabilidad. La envidia es negativa en todas sus variantes, aunque cuando empieza a ser preocupante es el momento de que nos planteemos erradicarla por completo.

-Lo primero, debemos reconocer nuestro problema y analizar los factores que nos llevan a acrecentarlo, consciente o inconscientemente. Cuando lo hayamos detectado, es necesario que analicemos lo que no nos gusta de nuestra vida, lo que añoramos tener y lo que, según nosotros, necesitamos para vivirla de una forma plena.

-Cuando lo sepas, márcate objetivos factibles e intenta que tu actitud positiva te ayude a cambiar los aspectos de tu vida que no funcionan. Eso sí, nunca olvides que ni eres perfecto ni podrás serlo, alcanzar una visión realista debe ser una de tus metas.

-Confía en ti y aprende a valorarte. Tienes defectos pero, también, muchas virtudes que te diferencian del resto. Conócelas y empieza a utilizarlas también en servicio de los demás. Ayudar a las personas de tu entorno te dará una gran satisfacción y, además, conseguirás dejar de ver al otro como un enemigo.

-El bien ajeno no te perjudica. Que tu vida mejore está en tu mano y compararte no hará que cambie nada, debes mejorar desde tu realidad, no desde la de tu vecino.

-Vive en positivo. Valora lo que tienes y no te frustres por lo que no has conseguido. Debes empezar a disfrutar de lo insignificante, de las cosas pequeñas que harán crecer tu felicidad. No olvides que si alcanzas la armonía y la tranquilidad interior podrás conquistar la fase final para superar tu envidia: alegrarte por los éxitos de las personas que están a tu alrededor. Y ya sólo tendrás que preocuparte por seis pecados capitales.